Maupassant eterno

Esta es  mi última relectura. Guy de Maupassant fue un gran cuentista, maestro del cuento de terror, a la altura de Allan Poe. Pero también fue el cultivador de la nouvelle. En sus relatos atemporales, dibuja el día a día de la vida, la cotidianidad, de manera certera y concisa. Las pequeñas tragedias anónimas que retrata (como en «Bola de Sebo») parecen salir de su origen para situarse en el de la humanidad toda, adquiriendo dimensión universal.

Aquí aparece desnudada por completo la pequeñez y mezquindad que puede alcanzar el alma humana en determinadas circunstancias.

Esta historia está enmarcada en la guerra franco-prusiana, durante la ocupación de Francia. La protagonista es una prostituta, que tiene ese sobrenombre (Bola de Sebo) debido a su gordura. Su profesión no era «honorable» pero era una chica amable, generosa e ingenua y es la única que muestra ira y patriotismo ante los conquistadores de su tierra. Al contrario de los otros personajes, burgueses, aristócratas, religiosos y presuntos revolucionarios, que se muestran sumisos ante el invasor. Estos son altivos, hipócritas y manipuladores.

Este grupo de franceses decide huir y, con una autorización, parten en carruaje en compañía de la cortesana, que amablemente comparte sus provisiones con sus hambrientos compañeros de viaje. Son detenidos por un Capitán prusiano y obligados a permanecer en un hotel hasta que la muchacha pase la noche con él. Ella se niega indignada pero, los hipócritas viajeros logran convencerla con halagos y apelando a su patriotismo que les salvaría la vida a todos. Luego prosiguen el viaje pero ellos no le agradecen el gesto y asumen una actitud fría e indiferente, comiendo en su presencia (no le dieron tiempo de aprovisionarse antes de partir). La ignoran por completo mientras ella llora en silencio.

Este relato tiene una tremenda vigencia en el aspecto humano que retrata. Las convenciones sociales no han cambiado mucho. Tenemos dos códigos de ética, sobre todo ahora que todos viven tratando de impresionar, presumiendo de lo que hacen bien (y de lo que no hacen también), gritándolo a los cuatro vientos (y justificando los errores que los demás pueden advertir).

Cualquier crueldad pensada y cometida para beneficio propio es inmoral. «Hasta que no cesemos de dañar a otros seres vivos, somos aún salvajes». (Thomas Alva Edison)

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