Vida y luz de la Tierra

«Nuestros hombres creen que ganar dinero y dar órdenes son la base del poder. No creen que el poder está en las manos de una mujer que cuida de todos y da a luz». Malala Yousafzai.

Me dirijo a ti niña, joven, mujer, amiga, hermana… A menudo otras personas (novio, esposo, amigo, padre, madre… cualquiera) intentarán hacerte sentir culpable injustamente. Cuando esto suceda, detente un segundo y piensa en esto: las mujeres nos hemos sentido siempre culpables por todo y en principio no podemos ser culpables porque a través de la historia siempre estuvimos distantes de las decisiones y del poder.

Los hombres prácticamente han decidido siempre en todas las esferas de la vida, por tanto son responsables ellos, no nosotras. Esto, por supuesto, no sale en los anuncios de televisión, ni se enseña en las escuelas, pero para mí es tan cierto como una ley universal.

Nunca sientas vergüenza de tu sexo. No permitas que maten tu espontaneidad y tu femineidad. Sé mujer orgullosa de serlo, consciente de tus derechos y del papel que juegas en el mundo de hoy. Si la sociedad que te tocó vivir no te respeta, no te amilanes, lo que tú eres no te lo pueden quitar, defiéndelo. Mantén tu interés por la vida, por mejorar las cosas, y no pierdas esa niña que llevas dentro.

Aquellos que te subestiman son solo hijos indignos que olvidan que hay vida y luz en la Tierra por ti, porque tú existes.

En otras épocas y dentro del marco de algunas civilizaciones, la mujer solía ser el centro principal del respeto a la vida, solo por la única condición de ser mujer. Su poder y capacidad de engendrar vida fueron en otro tiempo algo sagrado. Lo masculino y lo femenino estaban equilibrados. Había armonía en el mundo. Pero, por desgracia para nosotras los días de vida pacífica duraron poco y este se convirtió en un mundo de hombres, cuyo ego nos ha condenado a vivir una existencia caótica y degradante.

Los abusos cometidos contra la mujer siglo tras siglo y un milenio tras otro, hasta el día de hoy son atroces. ¡Pobres mujeres! Empezando por las que fueron torturadas y quemadas en la hoguera por la Inquisición (por ese cristianismo tan ligado a la muerte de inocentes desde sus inicios) y terminando en días recientes con actos de barbarie como la mutilación genital que sufren niñas y jóvenes, la trata de blancas, matrimonios arreglados, la cultura opresiva que padecen las mujeres en el mundo islámico, las que son obligadas a prostituirse…

«Una de cada 3 mujeres puede sufrir abuso y violencia durante su vida. Esto es una abominable violación a los Derechos Humanos, pero continúa siendo una de las pandemias más invisibles y poco conocidas de nuestros tiempos». (Nicole Kidman, explicando el alcance que la violencia ha tenido en las mujeres a nivel mundial)

¿Dónde está el respeto, el cuidado y el cariño debido a la mujer? Cada día que pasa , más y más mujeres son golpeadas, maltratadas, abusadas, insultadas, despreciadas y asesinadas con una frecuencia inaudita. Les arrancan sus preciosas vidas, dejando niños huérfanos y familias desechas. Es algo tan execrable y perverso, que no puede uno más que sentir asco y pensar en castigo duro y drástico para los culpables. Que paguen no solo aquellos que violan y matan, sino también los «asesinos silentes». Los que llevan puesta la máscara de «buen esposo», «buen padre», «ciudadano ejemplar» y matan lentamente, sutilmente, día tras día en una tortura sin fin, que va robando la energía de su víctima, su alegría, sus sueños, su autoestima, sus deseos de vivir y la deja muerta en vida sin su savia vital, cual autómata, o con un corazón debilitado por la impotencia y la frustración, o con un cáncer o cualquier otra consecuencia física a las heridas del alma. Estos no son asuntos privados entre marido y mujer que deben quedar en casa. ¡No lo toleres! ¡No lo ocultes! Ante situaciones así debemos gritar, huir lo antes posible. ¡Salir corriendo! Y denunciar al agresor.

Los excesos del machista de hoy no tienen límite. El instinto de posesión es la causa fehaciente de toda su ansiedad. Todo lo que hace está dirigido por ese instinto animal. «Solo cuando al hombre no le interese poseer, ni defender espacios, habrá de romper con el vínculo animal que lo desborda en pasiones y asechanzas, en emboscadas y en simulaciones». La violencia nunca cesa porque el mundo es adicto a ella. Mientras siga primando el individualismo y el interés propio, esta no se detendrá. Urge aprender a canalizarla, usar más las palabras, humanizarnos, reverenciar la vida humana.

«La violencia, sea cual sea la forma en que se manifieste, es un fracaso». -Jean Paul Sartre

Las mujeres debemos seguir luchando por nuestros derechos y estar alertas, conscientes de que recibimos violencia porque estamos inmersas en un sistema violento, patriarcal, donde la mayoría viven subordinadas, con un único rol, ser madre y esposa. Tenemos derecho a vivir una vida sin violencia. Esta última no se justifica bajo ninguna circunstancia, tampoco la coerción. Las mujeres no provocan ni merecen maltrato. La cantidad de ropa que usas no determina la cantidad de respeto que mereces.

Hay que poner atención a las letras de las canciones de moda, explícitamente machistas, que exaltan la violencia contra la mujer. Y no es algo nuevo, hay muchas canciones de épocas pasadas en las que la figura femenina es presentada en total sumisión, como victima de las acciones del hombre. Lo más triste en este caso es que son cantadas por mujeres. Claro que, en una época en que se vivía en función de llegar al matrimonio a toda costa como único propósito en la vida, era fácil identificarse con esos mensajes de violencia sutil. Pero, sin importar en que siglo o milenio sucede, no somos propiedad de nadie, ni objeto sexual, ni en venta, ni fábrica de bebés.

Para colmo tenemos ahora el body shaming, que te hace sentir vergüenza por quién eres. Constantemente se nos dice por todos los medios existentes que debemos estar delgadas, tener labios voluptuosos, cejas anchas, trasero enorme, y una lista interminable de requisitos para gustar a los hombres.

Mi cuerpo no quiere tu opinión (Esta frase aparece en uno de los carteles de una manifestación)

No te juzgues por tu apariencia, acéptate como eres. No eres una imagen que mostrar en las redes sociales, tu cuerpo no tiene que cumplir con los estereotipos que la sociedad y la era digital imponen. Eres más que un cuerpo, eres un ser humano con «defectos», los cuales son normales y naturales. No opaques tu brillo ocupándote solo de tu belleza física. Este tipo de belleza es pasajera, efímera y es algo tan relativo que no debería ocupar nuestra atención. No eres un objeto. Tienes talentos. No degrades tu inteligencia asumiéndote como un artículo y descuidando tus conocimientos, tu interior, que a fin de cuentas es lo que te define y te acompañará hasta el final de tu vida.

Eres libre de ser lo que eres, de mostrarte sin artificios. No permitas que te etiqueten, ni que te digan quién o cómo debes ser. Sé auténtica, independiente. Actúa. Ríe. Renuévate. Ama.

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