Definiendo al hombre y contando anécdotas

Tras oír que Platón definía al hombre como «Un animal de dos patas sin plumas», el filósofo Diógenes le envió a su academia un gallo desplumado comentando: – Aquí está el hombre de Platón.
Platón tuvo que añadir a su definición: «…con uñas anchas y planas».
La lectura de anécdotas es una delicia por tratarse de sucesos curiosos, en los que predomina la brevedad, espontaneidad y la expresividad. ¡Algo muy refrescante!

Esta que comparto me recuerda otras tres definiciones de «hombre». La de Pascal: «Juez de todas las cosas; estúpida lombriz de tierra; depositario de la verdad; montón de dudas; gloria y desperdicio del universo». La de Moliere: «El hombre,  te puedo asegurar es una criatura desagradable». Y la de Pío Baroja: «Un ser un milímetro por encima del mono, cuando no un centímetro por debajo del cerdo».

Del excentricismo, fuerte temperamento y agrio carácter de Baroja se cuentan anécdotas increíbles… Le sacaba de quicio el uso de frases hechas y adornos en la conversación.

Cierto día determinado pintor de renombre no cesaba de alabar sus cuadros y su obra usando una verborrea sembrada de ellos. Uno fue:

– El arte, Baroja, se hace con sangre.

– ¡Déjese de estupideces! – contestó el escritor – Con sangre sólo se hacen las morcillas.

 

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